Una historia de amor, ternura, avaricia y crueldad

  • Mascotas
  • 06-10-2018 | 05:10
  • Escribe: Eva Martín

Sally dejó toda su fortuna para sus 125 perros, pero sus deseos no han sido cumplidos como ella habría querido.


El diario El Español ha publicado un magnífico reportaje sobre Sally, la millonaria que dejó su fortuna a sus 125 perros. Es una historia llena de amor, ternura, avaricia y crueldad.

Su padre, Martín de Alzaga Unzué nacido en Buenos Aires, playboy, piloto de coches y millonario. Su madre Gwendoline Mary Robinson, una norteamericana de buena familia. Eran unos habituales de las páginas de sociedad de la época.

Sara Angela, la llamaban Sally, cariñosamente, nació en Paris el 19 de junio de 1926 y vivió una vida rodeada de riqueza. Creció visitando el mundo con sus padres, pero, en cuanto pudo decidir por ella misma, se fue a Torremolinos. Se casó con un empresario acomodado, pero su familia era el servicio y sus perros.  

A diferencia de sus padres no le gustaba la vida social y prácticamente solo salía de la casa más que para ir a la peluquería.

La historia de amor y la ternura

Sus 125 perros vivían con todas las comodidades. Cuentan que tenía colchones para cada animal, televisión en cada uno de los bungalós de obra que albergaba a las mascotas, calefacción para que no pasaran frío durante los suaves inviernos malagueños. Su alimentación era de primera calidad.

Sally nombró herederos de su fortuna a sus perros. Quería que continuaran en su finca y que el servicio cuidara de ellos. Pero tras su muerte todo cambió. Los vecinos denunciaron a los canes por sus constantes ladridos y la finca no tenía permiso para ser un núcleo zoológico.

La avaricia

Los albaceas de Sally dijeron que la única solución era llevarlos a un terreno que alquilaron a la perrera municipal. Serían atendidos durante varias horas al día, las jaulas estarían limpias y un veterinario vigilaría su salud. Desgraciadamente no fue así.

La crueldad

La asociación Resistencia Animal, dice que los perros están abandonados de todo cuidado. Según el albacea, no pueden controlar lo que ocurre. Dice que la gente deja cachorros y perros abandonados en su terreno y no saben cómo solucionarlo.

Lo que debería haber sido ser un cuento de hadas no tiene un buen final

Si todos los perros de Sally siguieran vivos tendrían más de 25 años, es probable que no quede ninguno de ellos. Los empleados de Sally siguen viviendo del patrimonio de los perros. Resistencia Animal afirma que cuando un perro muere lo sustituyen por otro. Las denuncias no han servido para nada.

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