Las trampas y engaños con los que Encarna Sánchez amasó su fortuna

  • Dossiers
  • 12-04-2019 | 08:04
  • Escribe: Julián Fernández Cruz

Encarna Sánchez urdió todo tipo de negocios, legales y también inmorales, para llenarse los bolsillos y cumplir su juramento: “Seré millonaria”.


Fue a finales de la década de los sesenta, durante un festival benéfico de los que tanto gustaban al régimen, cuando Encarna Sánchez se vio envuelta en un turbio asunto que provocó su extrañamiento del país. La locutora organizó junto a Carmen Polo, esposa del dictador, un evento de caridad y se echaron de menos 150.000 pesetas de la recaudación. La propia señora de Meirás le aconsejó poner el Atlántico de por medio, pero en realidad fueron otros quienes se lo aconsejaron, la señora Carmen no era precisamente de las que advertían.

Encarna se marchó la mañana siguiente a la boda de sus amigos Paco Gordillo y Soledad Jara. Era el 15 septiembre de 1970. La comunicadora no pisó España hasta unos meses después de la muerte de Franco. De aquella etapa en Latinoamérica (comenzó en México y acabó afincándose en Santo Domingo), en que trabajó en radio y televisión, queda el misterio de un supuesto matrimonio en Los Ángeles con un empresario del que nadie sabe nada, este hecho fue el principio de una carrera que no abandonó durante su trayectoria profesional. (El chófer de Encarna Sánchez, Isabel Pantoja y el extraño robo de 43 millones de pesetas).

Encarna Sánchez, capaz de todo por dinero

Me voy con mi madre y una maleta de cartón piedra, pero juro que volveré millonaria”. Este fue el juramento que Encarna le hizo al que fuera su mentor y director de Radio Almería cuando abandonó su tierra natal con destino Madrid. Debido a esa ambición enfermiza en que convirtió su vida, a Encarna no le importó a costa de quién iba agrandando su fortuna. 

Las mentiras a su audiencia las conocíamos los cercanos. Se aprovechó de esos oyentes fieles, la mayoría personas de la tercera edad con pocos recursos económicos, a los que hizo vender joyas familiares, reliquias y viviendas para que se compraran una casa junto a ella en plena naturaleza. “Mis niñas, que hermoso lugar he encontrado para vivir a dos pasos de Barcelona, cerquita de Playa de Aro, en una urbanización maravillosa. Apuntad, se llama Roca de Malvet. ¿Queréis el teléfono? Tomad nota. Cuando me levanto respiro naturaleza, aire fresco. Aquí vale la pena vivir, yo estoy como en el paraíso”. Nada era cierto. Lo que hacía Encarna Sánchez era promocionar su propio negocio inmobiliario. Los oyentes que le hicieron caso aún están buscándola.

Encarna entabló relación con Juan Antonio Ranera, un promotor inmobiliario que llevaba años sin vender apenas una parcela de aquella urbanización. Cuando se asoció con la locutora, las vendió todas en tiempo récord, según me contó Miquel Plana, un amigo íntimo de Encarna Sánchez reconocido propietario en Barcelona de la Cadena Los Tigres.



Pero como la verdad es difícil de ocultar a todos, las denuncias de los oyentes no tardaron en producirse. Cada noche llamaban los que se sentían engañados, y Encarna dio la orden a control de filtrar este tipo de llamadas que sólo querían saber una cosa: “Encarna, ¿tú en que parcela vives?, no te vemos por la urbanización”. La locutora nunca llegó a edificar en su parcela, fue un terreno que pasó a manos de su heredera Clara Suñer. Además, es obligado decir que cuando se produjo la venta de esas parcelas carecía de los permisos de urbanización correspondientes, pero eso a Encarna le preocupó bien poco. (De estafadora a estafada: La fortuna 'desaparecida' de Encarna Sánchez).

Muchos de sus fieles también recordarán el asunto de las joyas que antes he referido y que aportó enormes beneficios a su publicista. Encarna no era tonta y donde veía un duro iba a por él. Pero además sabía a quién sacárselo; los más fáciles, sus oyentes de más edad: “¿Por qué no os dais un capricho? Todos tenemos una joya que no nos ponemos nunca, que tenemos tirada en algún cajón. Joyería Gracia te la compra y si vais de parte mía te hará buen precio, y cómprate con ello lo que tú quieras, o te tomas unas vacaciones, un viaje. Hazme caso y sácale provecho a esa joya que tenías olvidada”. Ésta era su coartada. Joyería Gracia pagaba por entonces por esta publicidad un millón de pesetas, a principio de los años ochenta a Radio Miramar y, presuntamente, otro millón de pesetas directamente a Encarna Sánchez. Las mismas condiciones que tenía por entonces la firma Sanyo.

Miquel Plana, de la Cadena Los Tigres, era el único que pagaba a Radio Miramar 100.000 pesetas, pero me contaba que cada semana invitaba a Encarna Sánchez al Restaurante Botafumeiro a una comida a base de buen marisco y una botella de vino, eso sí Encarna siempre pedía Marqués de Cáceres del 64. La comida finalizaba avanzada la tarde. Según Miquel, las charlas con Encarna eran largas. Lo que seguramente no sabía el “tendero” — como a él le gusta que le llamen—es que lo que la locutora le contaba eran invenciones. Recuerda que Encarna le utilizaba; en varias ocasiones tuvo que llevar en su coche a Nuria Abad a su casa. También a Mari Carmen, la de los muñecos, o a una de las hermanas Hurtado. En una ocasión, Encarna le dijo a Miquel que había ahorrado tres millones de pesetas—del dinero de la publicidad— y que quería consejo para invertirlo. Así era el nivel de confianza.

Encarna no tenía suficiente con los engaños a la audiencia ni tan siquiera al director de Radio Miramar, José María Ballvé, que había confiado en ella. Había un filón por explotar y con su poder de convocatoria lo exprimía. Cada año reunía a sus “víctimas” en las entregas de premios en el lujoso Hotel Reina Sofía de Barcelona, en el contrataba un refrigerio a 1.500 pesetas y lo vendía a 3.000, había hasta reventa de invitaciones.



La falsa solidaridad de Encarna Sánchez

Pero ocurrió un episodio que no pude dejar pasar. “Luciano, un almeriense padre de cuatro hijos, todos ellos de corta edad, se encuentra en situación precaria y necesita urgentemente la ayuda de alguien”. Éstas fueron las palabras de Encarna Sánchez en un llamamiento en Encarna de noche a la audiencia, que como siempre ahí estaba. Un gitano del barrio de Hostafranch, propietario del Bar Caracas, le ofreció a Luciano su bar para que pudiera ganarse la vida y poder sacar adelante a su familia. Encarna y yo mismo estuvimos en la inauguración. La multitud, por su presencia abarrotó no sólo el bar sino también las calles aledañas. Parecía que todo había salido perfecto, se había ayudado a una humilde familia numerosa y todos éramos felices, pero no es oro todo lo que reluce”. 

Luciano no tardó en llamarme para decirme que Encarna Sánchez, la solidaria, lo había puesto de patitas en la calle, a él a su mujer y a los cuatro hijos. Le pregunté que cómo Encarna podía echarle de su Bar. La respuesta me dejó helado. “Julio el bar se lo puso Encarna a su nombre”. Ésa fue la gota que colmó el vaso, y en directo, desde control, con las puertas cerradas para impedir el acceso de ella o de cualquier incondicional, denuncié la injusticia que la locutora había cometido, toda la audiencia lo escuchó, pero esa iba a ser una de tantas…

Pero regresemos de nuevo al asunto del Bar Caracas. Aquella denuncia mía dividió en sus primeros días a la audiencia. Los había que apoyaban mi denuncia y los que, al igual que Encarna, me tacharon de mentiroso. Después de aquella noche, cada programa era un constante ataque frontal contra mi persona; imaginaba lo inimaginable, inventaba, mentía descaradamente… Por su boca salía de todo en mi contra. Pero llegó más allá; convenció a Luciano, el padre de familia echado del bar, para que fuera una noche al programa a desmentir mis acusaciones, y lo consiguió. El pobre hombre desmintió todo lo que yo había dicho y alegó que no sabía de dónde había salido tal blasfemia en contra de la persona que le acogió a él y a su familia, nada más pisar tierras catalanas. Que aquello debía ser una campaña en contra de Encarna y que ignoraba los motivos que me llevaron a eso. (¡Ha muerto Encarna Sánchez! ¡Ha 'muerto' la Reina de la Radio en España!).

Luís Llobet era, por entonces, el director del Diario de Barcelona, y la persona que se prestó a acompañarme para hacerle una visita a Luciano a la mañana siguiente a su aparición en el programa Encarna de noche. Con la excusa de que me habían informado de su intervención la noche anterior, le pregunté el porqué de aquellas declaraciones. Su respuesta fue muy clara: “Mira Julio, me llamó Encarna diciéndome que estaba su carrera en peligro, que eso le podía hacer mucho daño, y que si yo decía que era mentira lo que tu dijiste, llegaríamos a un acuerdo para que yo continuara en el bar”. Cuando entré esa mañana en el Bar Caracas, presenté a Luís Llobet como un compañero de trabajo, no como un periodista. Finalizada la conversación Luciano me pidió perdón por aquella acción, pero que entendiera que estaba en juego el pan de sus hijos. Al día siguiente, el Diario de Barcelona publicó la conversación integra que mantuvimos con Luciano en presencia del autor del artículo y Director del mencionado diario.



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