¡Ha muerto Encarna Sánchez! ¡Ha 'muerto' la Reina de la Radio en España!

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  • 05-04-2019 | 08:04
  • Escribe: Julián Fernández Cruz

Así fueron los últimos días y las últimas voluntades no cumplidas de Encarna Sánchez: "Si alguien pregunta por mí, no digáis que me estoy muriendo"


Se fue sin hacer ruido. Encarna Sánchez falleció un viernes por la tarde a los 61 años de edad, en su domicilio de Alcobendas en Madrid. Se la llevó un “fracaso hepático renal”, según reza el parte médico. Y es que la muerte la rondaba desde hacía tiempo en forma de cáncer. Encarna Sánchez prefirió guardar el secreto: “Si alguien pregunta por mí, no digáis que me estoy muriendo”. 

Con estas palabras se despidió dos meses antes la popular locutora de algunos de sus colaboradores de su programa Directamente Encarna, al verse obligada por su enfermedad. Considerada por muchos de sus colegas “una diosa de la radio”, de puertas afuera, de puertas adentro “lo peor de lo peor”. (La amenaza de Encarna Sánchez: "Ten cuidado, que a mí sólo me cuesta 100.000 pesetas cortarte las piernas").


A Encarna Sánchez siempre le gustó la primera persona del singular. No es que fuera un defecto. Más bien era algo inevitable. Y lo inevitable puede gustar o no, pero lo que no se puede es cambiar, sería como pedirle a un huracán que no levantase arena y hojarasca. En el mundo de las ondas hay una expresión que definía perfectamente a Encarna Sánchez. “Un animal radiofónico”. 




Y éste es aquel cuya forma de hacer radio atrapaba a quién le escuchaba porque su voz no parecía salir solo de un transistor, sino de lo más profundo de su ser. Por encima de lo que hiciera mal, que fueron muchísimas cosas, de las cuáles les iremos contando en próximos artículos. A esto ayudaba, además, el carácter recio y hasta áspero de esta mujer que siempre hacía gala de su independencia y su comunión con la gente de la calle. Con todo, esa forma de ser se debía también a un exceso de celo y de concentración que la llevaba con frecuencia a despreciar los detalles y, en muchas ocasiones las normas de cortesía.

Encarna Sánchez y el precio de la fama y el éxito

A Encarna le gustaba vivir bien. Y el cáncer no le impidió disfrutar de la vida hasta bien avanzada la enfermedad. “¿Pero por qué me llevas a restaurantes tan caros si tú apenas tienes apetito?”, le preguntaba Carmen Jara, pocos meses antes de su muerte. No contestaba. Como tampoco lo hizo cuando los pocos que conocían la gravedad de su enfermedad se preguntaban el porqué de su empeño en inaugurar un lujoso chalé de Marbella que apenas iba a poder disfrutar.



Son algunas de las ventajas de los triunfadores que se convierten en fenómeno social. Y Encarna lo era desde que regresó de México en 1978 y se hizo cargo del programa Encarna de noche en Radio Miramar, donde el firmante de este artículo trabajó a su lado. Ella siempre lideró los índices de audiencia de su franja horaria. Un precio muy alto que tuvo que pagar, pero por el que también tuvieron que pagar, y mucho, las empresas que la contrataron. Nada menos que 150 millones de pesetas de ingresos declaró unos años antes de su fallecimiento. Hacienda estuvo a punto de abrirle una investigación. Mucho dinero para un año. 



Además, la forma que tenía de mezclar información con publicidad le reportó una serie de ingresos a los que no tenían acceso sus colegas. No extrañan entonces las palabras de su productor Pedro Pérez, que estuvo con ella los últimos dieciocho años; “Encarna era una persona de muy pocos amigos”. De verdad, solo cinco. El resto han sido “arribistas y oportunistas”

Contundente con sus declaraciones, pero menos claro se mostró Pedro a la hora de hablar del testamento, un tema que le pilló de lleno por su convivencia con la locutora en los años de la enfermedad. “No sé si existe o no—me dijo Pedro cuando aún no se conocía si existía testamento—. Encarna delegó este tipo de asuntos en dos gestores, Pedro Bonilla y Gerardo Cordero. En pocos días se presentará el acta de defunción. Quizás aquí aparezca algún testamento secreto”.

Las últimas voluntades de Encarna Sánchez

Sus palabras fueron premonitorias, pero créanme que cuando las pronunció creía todo lo contrario, que no aparecería nada. Faltaban pocos días para que los familiares directos de Encarna conocieran su última voluntad. Según marca la ley, era necesario esperar quince días después del fallecimiento para proceder a este trámite. Es en ese momento cuando las personas autorizadas, con el certificado de defunción, pueden dirigirse al Registro de Últimas Voluntades para saber si hay algo depositado. En el caso de Encarna era como para ponerse nervioso, porque se calculaba en unos 2.000 millones de pesetas su fortuna personal. “Encarna no tenía hijos; quien sale beneficiado en estas circunstancias es el Estado, puede llevarse más de un 50 por 100”, añadió Pedro.



Sin hijos, pero con sobrinos. Y una hermana que vive en Londres, con la que no se hablaba. Los rumores eran muchos, las cábalas más. Fue ante tanta incertidumbre por lo que se temía lo peor. Nuria Abad y compañía se hicieron con todo cuanto pudieron antes de que Encarna muriera. Fueron días de encarcelamiento para la locutora, prohibieron la entrada a casa a todo el mundo, incluso quisieron impedírselo a Carmen Jara, pero a ver quién era el guapo que llevaba a cabo aquella orden. “Quién iba a tener cojones de cerrarme la puerta. Naturalmente entré”, me dijo Carmen.

Las últimas palabras de Encarna Sánchez fueron “Isabel, Isabel”

“Josefa Calle vino corriendo a mi casa a buscarme—prosigue Carmen—y me dijo “Carmen ven, que Encarna se muere”. Con el pelo mojado salimos corriendo hacía la casa. Encarna Sánchez murió en mis brazos a las 14.45 horas del día 5 de abril de 1996 y sus últimas palabras fueron “Isabel, Isabel”. Estaban conmigo Josefa e Inmaculada, la sirvienta. Entonces simplemente le cerré los ojos. La mortaja fue un traje de Chanel blanco, todo lo demás que he visto en televisión o he oído es totalmente falso”. (¡¡Las fotos censuradas de Encarna Sánchez junto a Isabel Pantoja!!).

Ningún familiar estuvo presente junto a Encarna aquella tarde del Viernes Santo, en su domicilio de La Moraleja. Solo tres personas la acompañaron en el momento de su muerte. Josefina Calle sujetaba una de sus manos y Carmen hacía lo propio con la otra. Inmaculada miraba desde el borde de la cama, llorando. “A Nuria Abad la tuvimos que sacar de la habitación minutos antes de que falleciera”, recuerda Carmen Jara, la amiga de la locutora desde hacía treinta y cinco años, y compañera en la COPE desde que dejara los escenarios trece años antes.



Encarna Sánchez falleció a las 14.45 horas como hemos querido resaltar varias veces. Pero es que se trata de un dato importantísimo que Carmen Jara quiere que quede bien claro, más una vez que supo que en el certificado de defunción, en mi poder aparece como hora de la muerte las 10.30 horas. Nuria quería a toda costa que se incinerara el cadáver, debía hacerlo a toda prisa por si aparecía algún familiar para impedírselo, por lo que se ganó tiempo con esas cuatro horas.

Todos sabían que la voluntad de Encarna era descansar junto a su madre y hermano Carlos en la sepultura de El Pardo. Lo que luchó hasta que el alcalde Enrique Tierno Galván le concedió lo que en principio iba a ser un panteón, aunque luego quedó en sepultura. Pero Nuria Abad mandó incinerar a Encarna, aquello iba a ser su mayor “Vendetta”. Nuria Abad vio así cumplida su atroz venganza. Juró en el momento de ser “invitada” a salir de la casa de La Moraleja para dejar su sitio a Isabel Pantoja, que se vengaría y así parece que lo hizo. Una venganza contra un muerto no tiene cabida en una mente sensata, pero el odio, los celos y el rencor hicieron que la locutora no pudiera hacer posible su voluntad. Ni ésa ni la del reparto de sus bienes. (Mila Ximénez: ¡¡¡Viaje al infierno!!! De la cama de Manolo Santana a la de Encarna Sánchez).

En el tanatorio las cosas fueron diferentes. Junto a Nuria y Pedro, compañeros de la emisora y colaboradores del programa Directamente Encarna la acompañaron. Miles de sus anónimos oyentes también desfilaron ante el féretro, junto con los pocos familiares directos que asistieron a la cremación del cadáver. Su ahijado Sacha Gordillo, y su sobrina, Margarita Sánchez, hija de su hermano Carlos—fallecido año y medio antes también de cáncer—, fueron los más allegados de cuantos estuvieron presentes. Entre las ausencias más destacadas, sin duda, la de Isabel Pantoja y la de María Navarro, que durante años fue secretaria de Encarna, amiga y fiel confidente.

¿Por qué se falsificó el certificado de defunción de Encarna Sánchez?

Manuel Santos Ortega, doctor en medicina y cirugía colegiado en Madrid Nº 30.372, fue el médico de cabecera de Encarna Sánchez. Digamos por las conversaciones que mantuve con Pedro Pérez y Carmen Jara, que era el médico asiduo después del doctor Rubio. Hasta el fallecimiento de la locutora, visitó la vivienda de ésta con muchísima asiduidad debido a la cruenta enfermedad que padecía.

Como en otras ocasiones, alguien me hizo llegar el Certificado oficial de la muerte de Encarna Sánchez, cuyo documento muestra en exclusiva donDiario.com. Junto al documento no venía ninguna anotación ni observación. Casualmente, en una conversación de las tantas que he mantenido con Carmen Jara, le hice referencia al documento y cuando se lo leí de forma literal, me obligó a parar la lectura, sorprendida: “Espera un momento. ¿A qué hora me dices que puso el médico que falleció Encarna?”, me preguntó Carmen, a lo que yo le respondí que a las 10.30 horas. “¿Pero cómo va a poner eso? Encarna murió en mis brazos y yo fui quién le cerró los ojos. Estaba conmigo Josefina. Y eso ocurrió a las 14.45 horas del día 5 de abril. Si lo sabré yo”.



Aquello me llamó poderosamente la atención y traté de localizar al doctor Manuel Santos. Tras varios días de búsqueda, la Federación de Médicos de Madrid me hizo saber que el mencionado doctor estaba trabajando en la Clínica Benidorm, casualidades de la vida, en la misma población en la que reside Clara Suñer, la heredera de Encarna. La siguiente entrevista fue grabada telefónicamente, y está a disposición de cualquier familiar de Encarna Sánchez por si entienden que deben emprender acciones legales por falsificación de un documento público o contra las personas que lo ordenaron, aunque si les soy sincero ninguno realizó en su día ninguna acción. El único familiar que por entonces hacía apariciones esporádicas todos sabíamos lo que buscaba y lo que pretendía, él sabe a quién me refiero.

La conversación de Julián Fernández con el doctor Manuel Santos

Julián Fernández. - Doctor Santos, Carmen Jara asegura que Encarna Sánchez falleció a las 14.45 horas y que fue ella quien le cerró los ojos. ¿Es eso cierto?

Manuel Santos. – Efectivamente, la última persona que estuvo con Encarna fue ella y falleció a esa hora, a las 14.45.

J.F.- Si eso fue así ¿por qué usted indica en el certificado de defunción que la hora del fallecimiento ocurrió a las 10.30 horas?

M.S. – Estábamos en una habitación contigua a la de Encarna, Pedro Pérez, Nuria Abad y yo, y en la otra, la fallecida, Carmen Jara y Josefina Calle, y no recuerdo con exactitud si fue Pedro Pérez o Nuria quién me dijo que pusiera esa hora.

J.F. - ¡No entiendo nada, doctor Santos! ¿A usted le dicen personas que no son familiares de la difunta que falsifique un documento de defunción que es público, y usted lo hace sin pensarlo?

M.S. – En aquella casa eran ellos quienes mandaban.

J.F. – No le pregunto eso. ¿Por qué falsificó usted el certificado de defunción?

M.S.- Ya le contesté. Porque me lo pidió la señorita Nuria.

J.F. - Doctor Santos, en el certificado de defunción existe un apartado que pone “Observación especial”. ¿Para qué sirve?

M.S.- Ese apartado se utiliza solo en los casos de petición de los familiares, que, por algunas razones, lo solicitan.

J.F. - En ese apartado usted puso “No hay objeción en ser incinerada”. ¿Le pidió algún familiar que lo indicara?

M.S.- No, eso también me lo solicitó Nuria Abad.

J.F. - ¿Cuánto tiempo exige la ley para que un cadáver sea incinerado?

M.S.- Para que un cadáver sea incinerado, deben transcurrir 24 horas, Nuria me dejó bien claro que ése era el motivo del cambio de horario.

J.F. - Si algún familiar de Encarna hubiera interpuesto una demanda de falsificación de documento, ¿no cree usted que hubiera tenido problemas?

M.S. - Ningún familiar se molestó en ningún momento por el estado de salud de la señora Encarna. Es más, las razones que han expuesto, bueno que expuso el sobrino de la locutora que no le permitían la entrada en la casa, son tan absurdas que con sólo acercarse a mi consulta hubiera estado al corriente del estado de salud de su tía. 

El extraño homenaje en Marbella sin allegados de Encarna Sánchez

En resumidas cuentas, el Doctor Manuel Santos Ortega sólo me sabe decir que “quienes mandaban en la casa eran Pedro Pérez y Nuria Abad y que como allí nunca iban familiares, ellos me lo pidieron y eso fue lo que puse”. Tras obtener las preciadas cenizas, Nuria Abad, Pedro Pérez, Josefa Calle, Mari Carmen Yepes y esposo, se subieron en una barcaza de Jesús Gil y, en aguas de Marbella, posando para los medios de comunicación, esparcieron sus cenizas. “Y aquí paz y después Gloria”. Eran los mismos que pocas semanas antes habían brindado con champagne francés por “la mejoría de la enfermedad de Encarna”. Ellos lo organizaron todo sin tan siquiera avisar a nadie, ni familiares, amigos, ni compañeros de la COPE. Nadie estaba al corriente de las intenciones de Nuria y Pedro organizadores del acto.

¿Quiénes fueron los protagonistas del entierro? ¿por qué no sus familiares? Según mis fuentes, los familiares no se hacían cargo de gasto alguno y menos sin saber si les había quedado algo en herencia. A pesar de que todo estaba ya previsto por la locutora, no se hizo mención por parte de ninguno de sus familiares, ni intención de ponerse al frente de las ceremonias.



¿Por qué nadie avisó a amigos y familiares de los actos que se realizaron en Marbella? Es curioso, y me hace hincapié de ello Carmen Jara, que no se avisó a ninguna amistad de la locutora, ni a los familiares, de que las cenizas de Encarna iban a ser lanzadas al mar. “Mira Julio. —me dijo Carmen—¿viste quiénes iban en el yate de Gil?, Pedro Pérez, Josefina Calle, Nuria Abad, Carmen Yepes y su esposo… ¿Qué hacían esos ahí? ¿Y los más allegados? ¿Y sus familiares? Hicieron y deshicieron a su capricho... ¡Si ella levantara la cabeza!”.

Nadie movió ficha, unos porque no podían forzar la situación ya que existían documentos que les hubieran perjudicado, otros por ignorancia y algunos por avariciosos. Durante mucho tiempo mantuve contacto con la familia Gordillo, con Carmen Jara y Soledad y las personas allegadas a Encarna cuando estaba elaborando mi biografía, eso ocurría en el año 2009. 

Han transcurrido diez años de ello y 23 años desde el fallecimiento de la locutora, con muchos de los presuntos delitos ya prescritos, parece que se ha despertado el interés en averiguar qué paso con la herencia de Encarna y de paso saber si puede haber algo que nos aclare ese entuerto.

La familia Gordillo Jara en su día calculó que la herencia que Encarna Sánchez le había dejado a su hijo Sacha superaba los 500 millones de pesetas, hoy sería 3 millones de euros sin tener en cuenta el coste de la vida y así lo demuestra un documento encontrado, entre otros muchos, en la casa de La Moraleja, y añado yo… -por la confesión de algún arrepentido que sólo recibió migajas en el reparto-.

Son muchas las pruebas documentales y testimoniales que pudieron aportar a la demanda, y yo estaba casi convencido de que hubiera prosperado la misma, serían muchos los encausados. Recién fallecida la locutora, Nuria Abad, Pedro Pérez y Josefa Calle manifestaron en unas declaraciones al diario El Mundo, el 23 de junio de 1996, su disconformidad con lo sucedido. 



Se referían al único testamento aparecido y que dejaba heredera universal a Clara Suñer. Romualdo Izquierdo, el autor del reportaje, hacía referencia a declaraciones tanto de Pedro Pérez como de Nuria, en el sentido de que ambos reconocen haber escuchado de voz de Encarna Sánchez, veinte días antes de fallecer, sus últimas voluntades. En esa misma reunión también se encontraba Josefina Calle. Y señalan que entre esos últimos deseos de la locutora no figuraba para nada Clara Suñer.

De haber llegado a los tribunales estaríamos en uno de los capítulos de un serial que se hubiera alargado años. Pedro Pérez insistía en aquel reportaje en que tras tantos años con Encarna no se iba a inventar nada. Nuria Abad, por aquel entonces, se atrevía a animar a los familiares de los posibles perjudicados para que se decidieran a impugnar el testamento. Mi pregunta a día de hoy es si se hubiera producido un juicio, ¿Quién estaría en el banquillo de los acusados? ¿Y quién en el de los demandantes? En el próximo artículo les daré muchas pistas…

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